viernes, 19 de mayo de 2023

De la creencia a la acción: Desarrollando una fe transformadora

Para reflexionar sobre el valor de las acciones, leemos Santiago 2:14-26 y Efesios 2:8-10

1. Según Santiago 2:14-16, nosotros somos responsables de actuar para cubrir las necesidades. Santiago nos pregunta qué beneficio hay si alguien dice tener fe pero no muestra obras para ayudar a aquellos que necesitan comida o vestimenta. Nuestra fe debe impulsarnos a tomar acciones concretas para ayudar a los demás.

2. Una fe que no tiene acciones se compara con palabras vacías y sin sustancia en el verso 17. Santiago afirma que la fe, por sí sola, sin obras, está muerta. Nuestra fe debe manifestarse a través de acciones concretas que demuestren nuestro compromiso y amor por Dios y por los demás.

3. No basta con simplemente creer en Dios, como se menciona en el verso 19. Incluso los demonios creen en la existencia de Dios y tiemblan. Nuestra creencia debe ir más allá y debe llevarnos a actuar de acuerdo con esa fe, demostrando nuestro compromiso y obediencia a Dios.

4. Los dos elementos que deben avanzar juntos para una fe viva se mencionan en el verso 22. Santiago nos presenta el ejemplo de Abraham, quien demostró su fe a través de sus obras. Su fe y sus obras se complementaron mutuamente, avanzando juntas en armonía. Nuestra fe debe estar respaldada por acciones que la demuestren.

5. Nuestra fe se perfecciona a través de las obras, como se menciona en el verso 22. Las obras son el complemento necesario para que nuestra fe sea completa y madura. Nuestra fe se fortalece y crece a medida que tomamos acciones basadas en esa fe, confiando en Dios y obedeciéndole.

6. La enseñanza en Efesios 2:8-9 nos habla de la salvación por gracia a través de la fe, no como resultado de nuestras obras. Es un recordatorio de que no podemos ganar nuestra salvación por nuestras propias acciones, sino que es un regalo de Dios.

Sin embargo, en Efesios 2:10, se nos dice que somos creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que las hagamos. Aunque las buenas obras no son la base de nuestra salvación, una vez que hemos sido salvados por gracia, somos llamados a vivir en obediencia a Dios y a llevar a cabo las obras que Él ha planeado para nosotros.

Por lo tanto, se armoniza con lo que estamos diciendo en Santiago 2:14-26, ya que nuestras obras son una respuesta a nuestra fe y una forma de mostrar el fruto de esa fe. Somos salvados por gracia a través de la fe, pero también somos llamados a demostrar nuestra fe a través de nuestras obras, que son el resultado natural de una fe viva en acción.

Conclusión:

A través de este estudio bíblico, hemos explorado la interacción entre nuestra fe y nuestras acciones. Hemos aprendido que una fe viva requiere acciones concretas que respalden nuestras creencias. Nuestras acciones son un testimonio visible de nuestra fe y una forma de demostrar el amor de Dios a los demás. A medida que buscamos cultivar una fe viva en nuestras vidas, recordemos que nuestras acciones tienen el poder de impactar y transformar tanto nuestra vida como la de aquellos que nos rodean. Sigamos creciendo en nuestra fe y permitamos que nuestras acciones reflejen el amor y la gracia de Dios en todo lo que hacemos.

Ejercicio de Reflexión

En este ejercicio de reflexión, te invito a profundizar en la relación entre tu fe y tus acciones. Tómate un tiempo tranquilo para pensar y responder honestamente a las siguientes preguntas:

1. ¿Cómo describirías tu fe en este momento? ¿Es fuerte y viva, o sientes que necesita crecer y desarrollarse más?

2. Reflexiona sobre tus acciones diarias. ¿Cómo reflejan tu fe en la práctica? ¿Sientes que tus acciones están alineadas con tus creencias y valores?

3. Piensa en momentos en los que tu fe te ha impulsado a tomar acciones concretas. ¿Cómo te has sentido en esos momentos? ¿Has experimentado una mayor conexión con Dios y con los demás?

4. Considera si hay áreas en las que tus acciones podrían mejorar para reflejar mejor tu fe. ¿Hay oportunidades de servicio, amor o compasión que has pasado por alto o no has aprovechado plenamente?

5. Imagina cómo sería una vida en la que tus acciones estén completamente en sintonía con tu fe. ¿Cómo te sentirías al vivir de esta manera? ¿Qué impacto crees que tendrías en tu entorno?

6. Define un paso práctico y realista que puedas tomar para mejorar la conexión entre tu fe y tus acciones. ¿Hay una acción específica que puedas llevar a cabo hoy mismo?

Tómate el tiempo necesario para reflexionar sobre estas preguntas y anota tus pensamientos y conclusiones. Recuerda que este ejercicio es personal y no hay respuestas correctas o incorrectas. El objetivo es profundizar en tu relación entre la fe y las acciones, y descubrir formas de vivir una fe transformadora en tu día a día.

Oración para el camino

"Amado Dios, hoy elevo mi corazón a Ti en busca de una fe viva y transformadora. Permíteme comprender profundamente la conexión entre mis creencias y mis acciones, y guíame para vivir de acuerdo con tus enseñanzas y principios. Que mi fe sea evidente en cada acción que emprenda, y que pueda ser un canal de tu amor y compasión hacia los demás. Ayúdame a desarrollar una fe que trascienda las palabras y se manifieste en acciones concretas, llevando luz y esperanza a aquellos que me rodean. En tu nombre, amén."

"La verdadera transformación viene cuando nuestra fe se traduce en acciones que impactan positivamente en la vida de los demás".

Hasta la proxima entrega,

Pastor Alexander Madrigal

Iglesia Evangélica Presbiteriana Nueva Vida

martes, 16 de mayo de 2023

El Vigilante de los Recuerdos

Para quienes buscan ser parte del Camino les narró el maestro la siguiente historia:

Había una vez un viajero llamado Ethan que deseaba alcanzar las alturas de una montaña imponente. Sabía que en la cima de esa montaña se encontraba la sabiduría y el propósito que tanto anhelaba en su vida. Sin embargo, para llegar allí, Ethan debía enfrentar un desafío.

En su camino, se encontró con un guardián sabio y conocido como el Vigilante de los Recuerdos. Este guardián le dijo a Ethan: "Antes de continuar tu ascenso, debes entender la importancia de los recuerdos en tu viaje".

El Vigilante le explicó que los recuerdos eran como puertas que podían abrirse hacia el pasado. Pero no todos los recuerdos eran útiles para el presente y el futuro. Solo aquellos que sirvieran para su crecimiento y desarrollo podrían cruzar el umbral y ayudarlo en su ascenso.

Decidido a superar este desafío, Ethan comenzó a reflexionar sobre los recuerdos que llevaba consigo. Uno a uno, examinó sus experiencias pasadas y evaluó si lo impulsaban hacia adelante o lo retenían en su camino.

Con determinación, Ethan dejó atrás los recuerdos de miedo, duda y fracaso. En su lugar, eligió llevar consigo los recuerdos de coraje, perseverancia y superación. Estos recuerdos se convirtieron en sus compañeros leales, proporcionándole fortaleza y motivación en cada paso del camino.

A medida que ascendía, Ethan enfrentó desafíos y obstáculos. Pero cada vez que se encontraba con una dificultad, recordaba sus victorias pasadas y encontraba la fuerza necesaria para superarla.

Finalmente, Ethan llegó a la cima de la montaña. Allí, fue recibido por la magnificencia del panorama y la presencia de la sabiduría que tanto había buscado. Comprendió que su viaje no solo se trataba de llegar a la cima, sino de convertirse en alguien más fuerte y valiente en el proceso.

Desde aquel día, Ethan se convirtió en un faro de esperanza y sabiduría para aquellos que también anhelaban alcanzar nuevas alturas en sus vidas. Les enseñó la importancia de elegir conscientemente los recuerdos que los llevarían hacia adelante y los motivaría a superar cualquier desafío.

Y así, la historia de Ethan nos recuerda que en nuestro viaje de vida, los recuerdos son como puertas que podemos abrir o cerrar. Debemos discernir sabiamente cuáles son los recuerdos que nos impulsarán hacia nuestro propósito y nos ayudarán a alcanzar nuevas alturas. Que cada uno de nosotros elija conscientemente los recuerdos que nos fortalezcan y nos guíen hacia un futuro lleno de significado y realización.

Estudio para el Camino

Para aplicar esta historia a tu propia vida te sugiero el siguiente estudio personal titulado: "Discerniendo los recuerdos en nuestro viaje espiritual" 

Objetivo: Reflexionar sobre la importancia de discernir los recuerdos que llevamos en nuestro viaje espiritual, basado en la historia de Ethan.

Lectura bíblica: Filipenses 3:13-14

Introducción:

La historia de Ethan nos enseña sobre la importancia de discernir los recuerdos en nuestro viaje espiritual. En este estudio bíblico personal, exploraremos las enseñanzas de la Palabra de Dios y cómo aplicarlas para elegir conscientemente los recuerdos que nos impulsen hacia adelante.

Paso 1: Lectura y comprensión

Lee y medita en Filipenses 3:13-14.

- ¿Qué destaca para ti en estos versículos?

- ¿Qué nos enseñan sobre la importancia de avanzar y dejar atrás los recuerdos negativos?

Paso 2: Reflexión personal

Tómate un momento para reflexionar sobre tus propios recuerdos.

- ¿Cuáles son aquellos que te han limitado o afectado negativamente en tu vida espiritual?

- ¿Cuáles son aquellos que te han fortalecido y ayudado a crecer en tu relación con Dios?

Paso 3: Discernimiento de los recuerdos

Basado en tu reflexión personal, discierne los recuerdos que te impulsen hacia adelante en tu viaje de fe.

- Identifica aquellos recuerdos que te han fortalecido y ayudado a crecer.

- ¿Cómo se alinean esos recuerdos con los principios y enseñanzas de la Palabra de Dios?

Paso 4: Elección consciente de los recuerdos

Elige conscientemente los recuerdos que te impulsen hacia adelante en tu vida espiritual.

- Reflexiona sobre cómo esos recuerdos pueden inspirarte y fortalecerte en tu relación con Dios.

- Haz un compromiso personal de recordar y meditar en esos recuerdos regularmente.

Paso 5: Dejando atrás los recuerdos negativos

Considera cómo puedes dejar atrás los recuerdos negativos que te han limitado en tu viaje espiritual.

- Pídele a Dios que te ayude a perdonar y sanar los recuerdos dolorosos.

- Busca la guía del Espíritu Santo para identificar acciones concretas que te permitan soltar esos recuerdos y avanzar.

Paso 6: Transformación y crecimiento

Reflexiona sobre cómo los recuerdos positivos y edificantes pueden influir en tu presente y futuro espiritual.

- ¿Cómo puedes utilizar esos recuerdos para inspirarte, fortalecerte y seguir creciendo en tu relación con Dios?

Paso 7: Oración y compromiso

Ora a Dios, pidiéndole sabiduría y guía en el proceso de discernimiento y elección consciente de tus recuerdos.

- Agradece a Dios por los recuerdos que te han fortalecido y pide su ayuda para dejar atrás aquellos que te han limitado.

- Haz un compromiso personal de seguir cultivando el discernimiento y la elección consciente de los recuerdos en tu vida.

Conclusión:

La historia de Ethan nos recuerda la importancia de discernir y elegir conscientemente los recuerdos en nuestro viaje espiritual. Al aplicar las enseñanzas de la Palabra de Dios y hacer un compromiso personal de elegir sabiamente nuestros recuerdos, podemos experimentar transformación y crecimiento en nuestra relación con Dios. Que cada uno de nosotros se esfuerce por discernir y elegir los recuerdos que nos acerquen a Dios y nos impulsen hacia un futuro lleno de propósito y bendición.

Una oración para el camino

Querido Dios, te agradezco por esta reflexión que me recuerda la importancia de discernir y elegir conscientemente los recuerdos en mi viaje espiritual. Ayúdame a cultivar un discernimiento espiritual que me guíe a seleccionar los recuerdos que me impulsen hacia adelante en mi relación contigo. Permíteme soltar los recuerdos negativos que me limitan y abrazar aquellos que  me fortalecen y me acercan más a Tu voluntad para mi vida. Que mi elección consciente de los recuerdos me lleve a una transformación profunda y un crecimiento continuo en mi fe. En el nombre de Jesús, amén.

"Elige sabiamente los recuerdos que llevas contigo, pues son las piedras que construyen tu camino hacia un futuro brillante."

domingo, 7 de mayo de 2023

Piedras Vivas

Para quienes buscan ser parte del Camino les narró el maestro la siguiente analogía:


Había una vez un grupo de albañiles que se reunían para construir un gran edificio en el centro de la ciudad. Los albañiles eran conocidos por su habilidad en la construcción y su capacidad para trabajar juntos en equipo. Sin embargo, un día, mientras trabajaban en la construcción del edificio, encontraron una piedra que no parecía encajar en el diseño que habían planeado.

Los albañiles examinaron la piedra y decidieron que no era lo suficientemente grande ni tenía la forma adecuada para encajar en el diseño del edificio. Así que la rechazaron y la tiraron a un lado para utilizarla más tarde en otra construcción. Sin embargo, la piedra era especial, porque estaba destinada a ser la piedra angular del edificio.

Los días pasaron, y los albañiles continuaron construyendo el edificio. Pero no importaba cuánto se esforzaran, no podían hacer que las piezas del edificio encajaran perfectamente. El edificio parecía estar desequilibrado, y algo faltaba.

Fue entonces cuando un hombre sabio se acercó a ellos y les preguntó: "¿Por qué no están utilizando esa piedra que rechazaron?". Los albañiles se miraron entre sí, avergonzados, y le contaron cómo habían encontrado la piedra, pero no la habían utilizado porque no encajaba en su plan de diseño.

El hombre sabio les explicó que esa piedra era la piedra angular que faltaba en el edificio y que, sin ella, el edificio nunca estaría completo. Los albañiles se dieron cuenta de su error y recuperaron la piedra rechazada, la colocaron en su lugar adecuado en el edificio y, para su sorpresa, el edificio se mantuvo en equilibrio y se convirtió en un hermoso edificio.

La lección que los albañiles aprendieron fue que no deben subestimar el valor de una piedra, especialmente si ha sido escogida por Dios para ser la piedra angular del edificio. A veces, lo que parece imperfecto o fuera de lugar puede ser exactamente lo que se necesita para que las cosas funcionen correctamente. Los albañiles aprendieron la importancia de ser humildes y sabios en su trabajo y nunca más rechazaron una piedra sin considerar su verdadero valor. 

Preguntas para el camino

1. ¿Qué enseñanza podemos extraer de la historia de los albañiles y la piedra angular?

2. ¿Cómo podemos aplicar la lección de esta historia en nuestra vida cotidiana?

3. ¿Has experimentado alguna vez una situación en la que has subestimado el valor de algo o alguien?

4. ¿Cómo podemos aprender a valorar a las personas y cosas que nos rodean?

5. ¿Cómo podemos ser más humildes y sabios en nuestro trabajo y en nuestras relaciones con los demás?

6. ¿Cómo podemos asegurarnos de que estamos construyendo nuestras vidas sobre la piedra angular de la fe en Jesucristo?

7. ¿Qué otras historias de la Biblia nos enseñan sobre la importancia de valorar lo que Dios ha escogido y no subestimar lo que parece imperfecto o fuera de lugar?

8. ¿De qué manera podemos ser instrumentos de Dios en la vida de los demás, ayudándolos a encontrar su lugar en el edificio de Dios y a valorar su importancia en el diseño divino?

Una oración para el camino

Querido Dios, hoy me acerco a ti con un corazón humilde y abierto, buscando tu guía y dirección en mi vida. Ayúdame a desechar todo lo que me aleja de ti y a buscar tu palabra como una piedra preciosa que me guía hacia la vida eterna. Permíteme ser una piedra viva en tu templo espiritual, firme y sólido en mi fe, uniendo a otros para construir algo hermoso y duradero en tu nombre. Gracias por escogerme y por amarme incondicionalmente, en tu nombre oro, Amén.

Hasta la próxima entrega,

Pastor Alexander Madrigal

domingo, 30 de abril de 2023

El Buen Pastor

Para quienes buscan ser parte del Camino les narró el maestro la siguiente analogía:

“Había una vez un grupo de ovejas que pastaban en una pradera rodeada de altas montañas. Cada día, el pastor las guiaba a través de un estrecho sendero hasta un prado verde y seguro, donde podían pastar libremente y beber agua fresca de un arroyo cercano.

Un día, una oveja curiosa decidió explorar más allá del sendero familiar. Se alejó del grupo y comenzó a vagar por la montaña, sin prestar atención a su entorno.

De repente, se encontró atrapada en un espeso bosque, rodeada de peligrosas criaturas y sin saber cómo volver al camino seguro.

La oveja se asustó y comenzó a balar con fuerza, pero nadie la escuchó.

Desesperada, intentó encontrar una salida, pero todo parecía igual y no encontraba el camino de regreso. Finalmente, un extraño apareció de entre los árboles y se acercó a ella con una sonrisa amable.

 "¿Estás perdida, pequeña oveja?" preguntó el extraño.

La oveja se sintió aliviada al ver a alguien que parecía dispuesto a ayudarla, y le contó su historia. El extraño la tranquilizó y le ofreció su ayuda para llevarla de vuelta al sendero seguro.

La oveja se sintió feliz de haber encontrado a alguien que la guiara de vuelta a la seguridad, pero antes de seguirlo, preguntó: "¿Cómo puedo estar segura de que me estás llevando por el camino correcto?"

El extraño le respondió: "Yo soy el buen pastor, y siempre llevo a mis ovejas por el camino correcto. Si me sigues, tendrás pastos frescos y agua limpia, y estarás a salvo de los peligros de la montaña."

Preguntas para el camino

Convierta en una meta personal el aprender a escuchar la voz del Buen Pastor y utilice las siguientes preguntas potenciadoras como una ayuda para dar los primeros pasos.

1. ¿Qué representa para ti la figura del pastor en el pasaje de Juan 10:1-10?

2. ¿Has sentido alguna vez que has estado perdido o confundido en la vida? ¿Cómo crees que la voz del Buen Pastor podría ayudarte en esos momentos?

3. ¿Cuáles son las "voces engañosas" a las que te enfrentas en tu vida diaria? ¿Cómo puedes discernir la voz del Buen Pastor de esas voces engañosas?

4. ¿Qué significa para ti tener una vida en abundancia? ¿Cómo crees que el cuidado y la protección del Buen Pastor pueden ayudarte a encontrar esa vida en abundancia?

5. ¿Qué pasos puedes dar para seguir a Jesús a través de la puerta estrecha? ¿Cómo puedes resistir la tentación de seguir a los extraños y ladrones en tu vida?

6. ¿Qué aspectos de la vida en abundancia que ofrece el Buen Pastor te resultan más atractivos o significativos en este momento de tu vida? ¿Cómo puedes trabajar para experimentar más de esa vida en abundancia?

7. ¿Cómo puedes ser un buen pastor para aquellos que te rodean? ¿Cómo puedes ayudar a guiar a otros hacia la voz del Buen Pastor y hacia la puerta estrecha que conduce a la vida en abundancia?

Una oración para el camino

Amado Dios y Padre celestial, te agradezco por ser mi buen pastor, por guiarme con amor y por protegerme de todo peligro. Sé que en ti encuentro pastos de paz y de tranquilidad, y que tu voz me guía hacia la verdad y la vida en abundancia.

Te pido que me ayudes a reconocer tu voz y a seguirte con confianza y fe, aun en medio de las dificultades y los desafíos que enfrento en mi vida cotidiana. Sé que tú eres mi refugio seguro y que en ti encuentro consuelo y esperanza.

Te pido que me ayudes a alejarme de las voces engañosas de los ladrones y extraños, y que me des la sabiduría y la fuerza necesarias para resistir las tentaciones y las pruebas que se me presentan.

Te pido que bendigas a mis familiares, amigos y seres queridos, y que les des la paz y la protección que solo tú puedes brindar. Te pido que me llenes con tu amor y tu gracia, y que me guíes siempre hacia la vida en abundancia que me ofreces en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.

Hasta la próxima entrega,

Pastor Alexander Madrigal



domingo, 10 de noviembre de 2019

La Gloria Del Nuevo Templo


La profecía de Hageo 2:1-9 no es solo una historia sobre la reconstrucción de un templo en el año 520 a.C., sino que es un desafío para construir o reconstruir nuestras vidas, los templos de Dios, según la voluntad de Dios hoy. ¿Construir o destruir? ¿Qué eliges?


La reconstrucción de nuestras vidas según la voluntad de Dios requiere atender su palabra, su voz, el llamado, Hageo 2:1-2
Dios empieza a obrar en nuestras vidas a través de su palabra: “vino palabra, diciendo, habla”. El mensaje de Dios no es al aire, a las piedras o a los edificios. El mensaje de Dios es a las personas y Él nos conoce por nombre.

En los versículos 1 y 2 se nos presentan 5 personajes a los que Dios habla: Hageo, Zorobabel, Salatiel, Josué y Josadac. Escritos así, estos nombres no nos dicen mucho, pero si vemos el significado de estos nombres podemos entender que Dios nos incluye y podemos ver la acción de Dios que reconstruye nuestras vidas según su voluntad: “Dios llama a una celebración a la persona que ha salido de Babilonia y que ha pedido a Dios que muestre su salvación y su justicia”. 

¿Podemos ver nuestras propias vidas aquí? Yo soy esa persona, tú eres esa persona, que ha recibido un llamado profético a celebrar, porque ha salido de Babilonia, de la confusión, del error, del pecado, cuando pidió a Dios que le mostrara su salvación y su justicia.”

Es Dios el que habla primero y nos toca responder a ese llamado, pues no hay reconstrucción sin llamado.

La reconstrucción de nuestras vidas según la voluntad de Dios requiere conectarnos a su visión, Hageo 2:3
Hubo un templo que muchos pudieron ver en su gloria primera pero que ahora había quedado como nada. Se refiere al templo de Salomón construido en el año 925 a.C. y destruido en el año 587 a.C. Reconstruido nuevamente en el año 520 a.C. y destruido nuevamente en el año 70 d.C. 

De este templo solo queda hoy un muro, el muro de los lamentos. Un templo en ruinas simboliza una vida en ruinas. Ayer, nuestras vidas estaban destruidas y Dios nos reconstruyó. Hoy nuestras vidas pueden estar en pie, mañana pueden estar caídas, y Dios conoce todo esto y Dios puede evitar todo esto. 

Esto es lo que significa el Salmo 127:1 “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”. Ver el paso del tiempo desde la perspectiva de Dios es encomendar a El nuestro ser. Es no vivir estancados en el pasado, ni estancados en el presente ni con temor del futuro sino vivir bajo la visión de Dios. 

No hay reconstrucción sin visión.

La reconstrucción de nuestras vidas según la voluntad de Dios requiere hacer lo que Él nos pide, Hageo 2:4
Estancarse en el tiempo es no hacer nada. Es ver pasar los días y con ellos la vida y no hacer nada. Es ver en ruinas nuestro templo, nuestra vida, y no hacer nada. Pero esta no es la voluntad de Dios para nosotros. 

Construir o reconstruir la vida requiere que atendamos a los llamados a la acción que nos hace Dios. Entendemos que la salvación no es por obras, solo el amor de Dios puede salvarnos. Pero entendemos también que Dios nos pide que cuidemos de nuestra salvación con temor y temblor. Dios quiere que llevemos esa salvación a todas las áreas de nuestra vida. 

En este versículo 4 se nos explica en qué consiste ese cuidado “Zorobabel hijo de Salatiel, tú que has salido de Babilonia y que has pedido a Dios, esfuérzate. Josué hijo de Josadac, tú que afirmas que Dios salva y que Dios es justo, esfuérzate. Pueblo todo de la tierra, anímense”. 

Dios nos pide doble esfuerzo, ánimo y trabajo. Imaginemos lo que será nuestra vida, lo que serán nuestros hogares, nuestra relación de pareja, la relación con nuestros hijos o hijas, en la iglesia, el trabajo o en el vecindario si nos esforzamos el doble, si nos animamos y si trabajamos para construir o reconstruir lo que se ha roto.

No hay reconstrucción sin acción.

La reconstrucción de nuestras vidas según la voluntad de Dios es aceptar las promesas de Dios, Hageo 2:5-9
Dios sabe que toda acción requiere motivación para que perseveremos, aunque a veces se nos acaben las fuerzas. 

En los versículos 5-9 se nos da una lista de las promesas que Dios nos ofrece para que perseveremos: Su Espíritu en medio de nosotros para quitarnos el temor; su poder que hace temblar los cielos y la tierra; su Hijo, el Deseado, que llena nuestra vida con su gloria; las riquezas abundantes de su gloria (representados por el oro y la plata);  grandes posibilidades (la gloria postrera mayor que la primera); y su paz que transforma. 

Esto es lo que Dios se compromete a hacer en nuestras vidas cuando hacemos nuestra parte. Y es por medio de la fe, que podemos entender y aceptar estas promesas. 

No hay reconstrucción sin fe.


domingo, 31 de marzo de 2019

La Palabra de Reconciliación

Cuentan por ahí que una vez un miembro de la tribu Piaroa, que es una tribu indígena de Venezuela cuyos miembros tienen fama de vivir en completa igualdad y de forma pacífica, excepto el de esta historia, se presentó furioso ante un anciano de la tribu para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. ¡Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad!

El anciano lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.

El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol. Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el anciano para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que sí le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa.

Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que, ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar. También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando.

Después regresó a donde estaba el anciano y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos. Como siempre, fue escuchado con bondad, pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores. 

El hombre medio molesto, pero ya mucho más sereno se dirigió al árbol centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su enojo. Cuando terminó, volvió al anciano y le dijo: "Pensándolo mejor veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Así recuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho". El anciano le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole: "Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tú mismo".

Como el anciano de esta historia muchas personas creen en el poder de la reconciliación.

Todos anhelamos que algún día despertemos y las noticias que escuchemos ya no sean las de pobreza, enfermedad, opresión o guerras. 

Este es el sueño de muchas personas en diferentes generaciones, pero hoy más que nunca muchos esperamos que llegue un nuevo mundo, en el cual lo bueno no sea solamente un sueño.

El Apóstol Pablo estuvo animado por esta misma visión. Pero la gran diferencia es que Pablo la visualizó a nivel espiritual y la presenta como una realidad que se está llevando a cabo. 

El proceso de convertir la visión de la reconciliación en una realidad es, como veremos, mucho más sencillo y más saludable que fumarse tres pipas de tabaco bajo un árbol sagrado.

Pablo escribe en 2 Corintios 5:17-21: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos encargó el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. 

A través de estos versículos Pablo no solamente nos dice acerca de la posibilidad de un mundo nuevo que empieza en nuestra propia vida, pero nos explica también cómo es que eso puede ocurrir. 

El Apóstol nos dice que la reconciliación con Dios a través de Jesucristo abre la posibilidad, para que el mundo, nuestro propio mundo para empezar, sea distinto. 

La primera lección que se desprende de este pasaje bíblico es que la reconciliación es necesaria si queremos que “las cosas viejas pasen”.  El mundo está lleno de “cosas viejas” que hacen que esta declaración sea obvia: conflictos étnicos y terrorismo, guerras, crisis políticas y económicas. En situaciones como estas, la reconciliación es una urgencia.

Pero hay otras formas de hostilidad que ameritan la reconciliación: pleitos entre compañeros de trabajo o conflictos sin resolver dentro de las familias que han producido el distanciamiento entre sus miembros.

El interés de Pablo está en la reconciliación entre el pecador y Dios. Logrando reconciliar esta relación, el cambio puede llegar a todas las otras áreas de nuestra vida. 
Aunque no se quiera reconocer, en algún momento cada ser humano lucha contra su propio pecado.  Hay conciencia de los errores del pasado y del presente, la esclavitud del pecado hace que la persona tenga miedo y desesperación. En momentos como estos es cuando la reconciliación se hace necesaria.

Por otro lado, la reconciliación es algo que solo Dios puede hacer a favor nuestro.  Sin embargo, Dios quiere que nos convirtamos en embajadores y embajadoras suyas, en representantes por medio de los cuales Dios ruega al mundo que se reconcilien con El. 

El mensaje del Evangelio, la Buenas Nuevas que compartimos como los embajadores y embajadoras del Reino, es anunciar que Dios ha hecho la paz con el mundo. Sin este mensaje de paz no hay evangelio. El pecador está separado de Dios y bajo condenación por causa del pecado y no hay nada que el ser humano pueda hacer por sus propios medios para cambiar esto. Solo cuando estamos bajo la sombra de la Cruz de Cristo, y aceptamos su sacrificio de amor, es que la reconciliación es posible.

Pablo nos enseña también que la reconciliación es costosa. A nivel de relaciones, toda reconciliación es costosa. Si es un pleito entre amigos o de pareja solo habrá reconciliación cuando la persona que ha ofendido esté dispuesta a decir: “lo siento, estaba equivocado(a)”; el costo está en tener humildad para hacerlo.  

El costo de la reconciliación de los pecadores con Dios escapa todo cómputo: implicó la muerte de uno que no tenía pecado, como ofrenda por el pecado.

Por último, esta reconciliación debe ser aceptada. Si la reconciliación no se acepta, no puede tener ningún efecto en nosotros. 

Dios actuó en la muerte de Cristo para remover todas las barreras para nuestra reconciliación con él. De parte de Dios ya no hay estorbos, no pongamos nosotros estorbos para esta reconciliación.

Como el anciano de la tribu Piaroa, Dios nos está dando tiempo para que “descubramos por nuestra propia cuenta” que hoy es el tiempo de reconciliarnos con Dios, que hoy es el día de aceptar el ministerio de la reconciliación, y que este es el momento de proclamar la palabra de reconciliación. 

Cuaresma es un tiempo de Reconciliación. Reconciliación contigo mismo y contigo misma, con las personas que te rodean y con Dios. Tú sabes mejor que nadie con quien necesitas reconciliarte. ¡Anímate y hazlo! No dejes pasar esta oportunidad.

Traducción automática de Google

domingo, 24 de marzo de 2019

¿Cuál es la verdadera tragedia?


¿Si Dios existe por qué le ocurren tragedias a la gente buena? ¿Si es verdad que Dios existe por qué hay tanta maldad en el mundo? A muchos creyentes les gusta contraatacar estas preguntas y responden con estas otras preguntas: ¿Qué mal habrá hecho para que le sucediera esa desgracia? ¿No es acaso por la maldad de la gente que les sucede lo malo?

Nos dice la Biblia que en una ocasión llegaron unas personas a Jesús con estas mismas inquietudes esperando escuchar la opinión que Jesús tenía sobre esto.

El relato lo encontramos en Lucas 13:1-9.

Aunque la Biblia no nos dice la intención con la que estas personas compartieron esta noticia con Jesús, en la respuesta que él les da podemos conocer algo que nosotros no vemos pero que Jesús entendió.

“¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?”, Lucas 13:2

La pregunta era más bien una declaración de la actitud con la que estas personas venían a él. De hecho, era una creencia popular, que aún todavía la escuchamos en labios de muchos: “La gente mala padece sufrimiento por su maldad, la gente mala paga las consecuencias de su pecado.” Y lo que viene después: “Qué bueno que yo no soy como esas personas; a mí Dios me bendice porque yo soy una buena persona.”

A esta actitud el Señor responde: “Os digo: No (no están viendo lo que es realmente importante, no juzguen el corazón de las personas sin conocerlas); antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.”, Lucas 13:3

No juzguemos a las personas por lo externo que vemos. Nunca podremos conocer el corazón de las personas, ni podemos ver lo que habita en lo más profundo del ser humano. Solo Dios tiene esta facultad.

Las personas buenas también sufren tanto como las personas malas pues El sufrimiento de las personas no tiene que ver nada con su condición espiritual.

Lo que sí es cierto es que muchas personas son víctimas de la maldad de otros, como la masacre reciente en ChristianChurch Nueva Zelanda, y como no sabemos que un día podemos ser víctimas de quienes hacen maldad, el Señor nos llama a arrepentirnos, a arreglar nuestra propia vida, a estar bien en nuestra relación con él.

Pero no nos gusta mucho esta relación entre el sufrimiento de otros y el arrepentimiento nuestro. Hasta solemos decir: “Dios quiera que esa persona que haya tenido oportunidad de arrepentirse antes de la maldad que le hicieron”. 

¡Como si fuera un asunto solo de ellas!, ¡como si solo ellos tuvieran que arrepentirse! Cuando las personas sufren por la maldad de otros, debemos examinar nuestro corazón para ver si no estamos haciendo nosotros lo mismo, para ver si no estamos haciendo maldad en la vida de otros que también están sufriendo, a veces por nuestra indiferencia, por nuestra frialdad, por nuestro acoso, o mal trato.

En el versículo 4, Jesús añade al tema y presenta ahora el caso de las personas que sufren por las desgracias naturales: O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén?”, Lucas 13:4

Jesús menciona esto porque probablemente habría escuchado los comentarios de las personas cuando sucedió esta tragedia natural. Aún en nuestros días podemos escuchar este razonamiento en labios de muchos “Dios protegió a sus hijos, la iglesia tal quedó en pie porque Dios la cuidó, la desgracia vino porque en esta ciudad hay mucha maldad”

Pero otra vez, la respuesta de Jesús es la misma: “Os digo: No (no es así, no tiene que ver una cosa con la otra); antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.”, Lucas 13:5

La muerte, ya sea por la maldad de otros, o por desastres naturales, no premeditados, llegará por igual a todas las personas que las sufren, independientemente de su condición espiritual. Ante esta realidad, Jesús nos llama a arrepentirnos.

El arrepentimiento al que Jesús nos llama consiste en transformar la mentalidad, la actitud. El arrepentimiento que nos pide es un cambio de opinión, de sentimientos o de propósito. Arrepentirse en mirar la vida de una nueva manera, con misericordia y con paciencia, como Dios lo hace.

En este punto se hace necesaria una pausa para preguntarnos: ¿Debemos explicar el sufrimiento o debemos hacer un llamado al arrepentimiento? ¿Cuál es la verdadera tragedia? ¿Que unos creyentes mueran mientras adoran? ¿Que una torre caiga sobre 18 obreros mientras trabajan? ¿O que la vida del ser humano transcurra sin dar fruto?

En la última parte de este pasaje el Señor nos lleva a reflexionar sobre estas preguntas a través de una ilustración, una comparación que se encuentra en Lucas 13:6-9.

En lugar de tratar de explicar las tragedias que ocurren en la vida de otras personas, o tratar de encontrar culpables, debemos preocuparnos de la esterilidad, la sequedad de nuestra propia higuera, de nuestra propia vida.

En esta parábola encontramos las dos actitudes que podemos asumir.

La una es la actitud del dueño de la finca: cortar lo que no da fruto. Esta acción representa la actitud inflexible e inmisericorde con la que podemos tratar a aquellas personas que a nuestro juicio no están dando frutos de arrepentimiento, personas en las que no podemos encontrar lo que estamos esperando encontrar: tal vez en la pareja que no es como nosotros quisiéramos, o un hijo o hija que no se porta de la manera que nosotros creemos que debe comportarse, o el compañero o compañera de trabajo que no nos trata como creemos que merecemos ser tratados, o el hermano o la hermana en la iglesia que no hace esto o aquello, etc, etc.

El “cortar” del versículo 7 implica el separar a esa persona, apartarla de nuestro lado, excluirla, darle la ley del hielo, o cualquier otra estrategia que usemos para demostrar que esa persona, por su “maldad”, debe ser reprendida.

La pregunta que hace el dueño de la finca en el versículo 7, ¿para qué inutiliza también la tierra?, la hacemos nosotros también cuando decimos: “¿Por qué me va a arruinar más la vida?, ¿Por qué tengo que aguantarle esto? ¿Cómo le puede ir bien, o como le puedo hacer el bien a una persona que hace el mal?; a la gente mala tienen que ocurrirle cosas malas.

Pero entonces, se contrasta esta actitud con la actitud del viñador, del jardinero que cuida la finca: cavar y abonar para que la planta estéril de fruto. Esta acción representa la actitud esperanzada, la de las segundas oportunidades, la que busca la reconciliación y el perdón.

Durante tres años, el viñador había cuidado esta planta, así como Jesús durante tres años estuvo cuidando a su pueblo, para que diera fruto. Y el fruto no llegó. 

Los que saben de plantas nos dicen que la higuera madura en tres años. Pero el jardinero pide un año más de gracia y ofrece cavar alrededor de ella, para que el agua llegue bien a las raíces de la planta, y abonarla, para que los nutrientes alimenten el tallo y las hojas, y que así, el tan esperado fruto se produzca.

Con esta imagen Jesús responde a aquellas personas que cuestionan el sufrimiento humano, y juzgan a Dios o juzgan el corazón de quienes sufren.

Cuando veas el dolor en otra persona, arrepiéntete, cambia tu manera de ver esto, no cortes, no separes a esa persona ni de ti ni de Dios, ni te separes tú, de esa persona o de Dios, juzgando, acusando, explicando o razonando.

Simplemente conéctate nuevamente a esa persona, dale una nueva oportunidad, crea surcos alrededor de esa persona, cava hondo, para que tus palabras de aliento lleguen a sus raíces. Abónale el corazón, con los nutrientes del amor, la esperanza, la misericordia, el buen trato, la palabra sincera, el consejo oportuno, la ayuda adecuada.

Pero no le des la espalda, no la acuses, no la juzgues; Dios nunca hará esto con nosotros no importa cuantas veces le fallemos. El siempre estará dispuesto a recibirnos si venimos a él arrepentidos.

Hagamos nosotros lo mismo, y si esto sirve para que la persona de fruto, como dice el Señor al final de este pasaje, “bien”. Esto es todo lo que importa. Dejemos que Dios se encargue de cortar lo que debe ser cortado. Solo el sabe cuando sus higueras, sus hijos e hijas, habrán llegado a la madurez.

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