Todos pasamos por momentos en los que la vida parece detenerse. Hay decisiones que no dependen de nosotros, situaciones que tardan en resolverse, puertas que aún no se abren. Y es precisamente ahí, en la sala de espera de la vida, donde la ansiedad suele tocar a la puerta.
Pero la Palabra de Dios nos ofrece una promesa que trasciende el tiempo y las circunstancias:
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”
— Isaías 41:10
Este versículo no es solo un consuelo, es un ancla. No dice: “No temas, porque pronto recibirás lo que esperas”, sino: “No temas, porque YO estoy contigo”. Su presencia es más poderosa que cualquier resultado. Su compañía es garantía de que no estamos a la deriva, aunque sintamos que no avanzamos.
Dios promete fuerza, ayuda y sustento, no solo en el día de la victoria, sino en el proceso mismo. A veces, la sala de espera es también el taller donde Dios fortalece nuestra fe, redefine nuestras prioridades y alinea nuestros pasos con su propósito eterno.
Oración para el Camino
Señor, en esta espera, enséñame a confiar. Que no me gobierne la ansiedad, sino la certeza de tu presencia constante. Fortalece mi mente, renueva mi fe, y lléname de esperanza cada día. Ayúdame a recordar que tú no llegas tarde, y que mientras yo espero, tú trabajas. Gracias porque me esfuerzas, me ayudas y me sostienes con tu mano fiel. Amén.
Recuerda: No siempre veremos la respuesta de inmediato, pero siempre podemos contar con Su presencia inmediata.
En la sala de espera, Dios no está ausente; está presente, obrando silenciosamente en tu favor.
Hasta la próxima entrega,
Pastor Alexander Madrigal.
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